Soledad
20/10/2004
No s�lo era su boca, esculpida por un coro de serafines, sino que en sus ojos dorm�a toda la luz de un d�a y en el negro profundo de sus cabellos, todo el misterio de la noche…
En su cuerpo, dulce conjunci�n de valles y sierras, de vados e itsmos, como un explorador a prop�sito he de perderme en cada rinc�n, en cada pliegue, en cada utop�a, en cada quimera.

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