Ciertas cosas, no pueden ocurrir hasta tanto las intrumentáramos, las selláramos, las consagráramos, con un beso. Ese “primer beso”, más que una función de placer, tiene una función “escribanil”, es como haber sorteado una aduana, más allá de la cual uno queda libre para dar otros besos: el primer beso se pide, el quinto ya no…

Sirve además, para separar al mundo. ¿Separar, con un beso?. Si, separar. En dos enormes grupos, los que están dentro de un círculo de proximidad, de vecindad espiritual y física, y los que están fuera: están dentro los que alguna vez me han besado, están fuera los que no me han besado nunca.

Y ese círculo, es un círculo restringido, íntimo, de una enorme diferencia entre los que pertenecen y no a él. No hay otra maniobra que geste una diferencia tan grande, ni un préstamo, ni una venta, ni una sociedad, ni un contrato fortalecen un vínculo tan enorme como el que un beso produce.

Creo en ese valor del beso que en el otro, como ingrediente refinado y artístico de toda la maniobra erótica. Desde luego que el beso alli es importantísimo, pero también es de todos los contactos eróticos el que tiene mayor firmeza social. Se puede ejercer en casi todos los foros, casi públicamente, sin herir susceptibilidades, pero también tiene un valor emblemático que no tienen otros gestos quizás más osados.

En ese sentido hay que valorar al beso. Cuando a alguien no le dan un beso, es mentira que le están negando algo pequeño, le están negando algo grande. Le negarían algo pequeño si ya se hubiera besado a esa mujer, muchas veces, quizás esa misma noche. Pero cuando le niegan un primer beso, le están negando, nada menos, que la entrada a ese círculo íntimo dónde no cualquiera entra.

Un beso es una interrupción de la realidad, una interrupción del devenir cotidiano, un pequeño gran cataclismo que sucede y altera la naturaleza convencional de nuestras relaciones. Se produce una conmoción, se sacuden nuestros espíritus y nuestros cuerpos.

Y ya no podemos seguir tratándonos como antes del beso. No podemos. No podemos reanudar las relaciones legales que teníamos antes, tenemos que verlas de nuevo, coloreadas por este hecho inmensamente más importante que una herencia. Nos hemos besado y entonces, ya no son las cosas como eran antes. Por eso es que no se puede decir algo interesante después de un beso. Porque lo que era interesante antes del beso, ya ha dejado de serlo, y uno parece un tonto diciendo lo que fuere.

Y que diferencia, por la entrada al círculo que anteriormente mencionamos, entre el primer beso y todos los demás. Porque el primer beso es un fin en sí mismo, para producir esta nueva relación, los demás son un medio para ir escalando por una “escalera de besos” en una pirámide erótica, que terminará vaya uno a saber donde, dependiendo de la suerte de cada uno.

Pero el primero, no es un escalón, es un fin, un emblema, una iniciación.

Amablemente choreado al Negro Dolina

5 Comentarios para “El Beso como instrumento de Erotismo Jurídico”

  1. Beluga dijo:

    Coincido plenamente con todo lo expuesto. Creo que el primer beso lo cambia todo. Nada es igual despues del primer beso…

  2. /|- dijo:

    Hay un poema que, con una asombrosa capacidad de s�ntesis, resume todo as� (confiabilidad del texto: 85%):
    “Esta ma�ana todos despertaron con los labios cubiertos de az�car
    pero s�lo lo supieron quienes, al despertar, se besaron”

  3. Derby dijo:

    hey pablete en tu blog hay un error de sintaxis

  4. Sagi dijo:

    �Por qu� nadie habla del �ltimo beso?

  5. /|- dijo:

    No todos sienten que ya termin� su vida �til, sanguiparia

Deja un comentario

eXTReMe Tracker