Abro los ojos nuevamente. Ruta. Mucha. No se si soy yo el que se mueve sobre ella o es la ruta la que pasa debajo mio, de mi yo inmutable. Trato de hacer memoria y no recuerdo el porqué de la huida. Mentira, si que lo recuerdo. Y duele de nuevo. No se si es la sospecha de la traición, o si existe una traición. Solo se que esta ruta se mueve demasiado rápido y no se, realmente, dónde me lleva…

La extraño, aunque sé que no puedo decírselo. Lo tengo prohibido por algún poder superior. El mismo que me impide acariciarla, o besarla con real pasión. El mismo que me niega un abrazo en este u otros momentos.

“¿Por qué la amo tanto?” Es lo que el amante despechado, abandonado o temeroso, vive preguntándose. Yo carezco de la respuesta, solo conozco algunos hechos. Cuando quiere, es maravillosa. Y me hice adicto a ella. Adoro la sensación, lo sé.

“¿Por qué el amor solo no alcanza?” Esto se lo preguntan algunos que ya han pasado etapas previas de interior desgaste . La pregunta no surge por sublimación del alma, aparece por corrosión. No sé porque no alcanza. Quizás es el propósito de mi huida. Averiguar cosas, enfrentarme a las preguntas que van surgiendo. Saberme nuevo, descubrirme. Me atrevo a dar una reflexión lógica: si el amor no alcanza es porque no es todo.

“¿Qué más compone El Todo?” Risas.
“¿Y lo que provoca la risa?” La sorpresa.
“¿Y lo que provoca sorpresa?” Miedo.
“¿Y lo que provoca miedo?” Lo desconocido.

Me permití demasiado accesible, demasiado usual. Ante la necesidad de confirmar un cariño, a costas de que me conociera tal cual soy, aniquilé el componente fundacional que permitía ese cariño. Me quiso mientras no supo como era, cuando me imaginaba en gran parte. Cuando supo como era, ya no le quedaron motivos para quererme, para descubrirme. ¿Entonces ahora quiere a quién nuevamente desconoce? No sé.

Quizás siempre fue asi.

Deja un comentario

eXTReMe Tracker