Capítulo V

01/08/2006

¡Yo era dichoso! ¡Como despreciaba a todos porque ella no los amaba! Miraba al mundo desde lejos y desde lo alto; desprendido de todo, me cernía sobre todo, indiferentemente, pero lleno de orgullo. Me parecían que convergían sobre mi todos los perfumes de la tierra y todas las sonrisas del cielo; en las noches galantes.

La imágen de Hebe llenaba toda mi memoria y se separaba de todos mis pensamientos. Era, a la vez, más irritante que un ensueño y más consoladora que la esperanza.

Jamás había sospechado yo tantas seducciones en una criatura humana, tanta delicadeza en un corazón, tanta gracia en la reserva, tanto pudor en el abandono.

Una mezcla de entusiasmo y de ensueño, de ilusiones y de desaliento de melancolía y de puerilidad, me habían bastado para obtener su amor.

Me parecía como la protesta sorda de un corazón que se resistía aún a la indiferencia, quizás al mismo tiempo que la deseaba como un reposo, y lanzaba sus más bellas llamas antes de contraerse sobre si mismo para dejar de latir.

2 Comentarios para “Capítulo V”

  1. /|- dijo:

    Qué buen relato vienes armando… se palpa con morbo la cara del dolor futuro.

  2. vic dijo:

    Ale, que poca fé que hay por esos lados.

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