Otra vez las 5 y media de la mañana, y yo sin poder dormir, sin querer dormir.
Y obviamente, con hambre, esta hora no está contemplada y el estómago exige. Así que rumbo a la cocina.
Limpiar el filtro. Poner café. Poner Agua. Enchufar la cafetera. Encenderla. Sacar la tostadora. Abrir heladera. Sacar paquete de pan. Abrirlo. Guardar el cosito de metal en la boca para no perderlo. ¿Dos o tres? Tres. Encender hornalla. Poner tres panes. Cerrar paquete de pan. Guardar en heladera. Rico olor. Dar vuelta los panes. En sentido del reloj. De un lado y del otro. Sacar plato. Poner papel de cocina. Sacar los panes. Me quemo una vez. Dos veces. La tercera no. Abro heladera de nuevo. Saco mantea y dulce. Saco cuchillo. Unto una, dos, tres veces. Mucho dulce, para la mañana. Me chupo el dedo con dulce. Tiro cuchillo a la bacha. Guardo manteca y dulce. Llevo plato a la mesa. Vuelvo. Sirvo café en la taza. Tres de azucar. Un chorrito de leche. Tiro el envase en el tacho. Saco cucharita. Revuelvo. Cucharita a la bacha. Llevo el café a la mesa.
Miro mis tostadas. Hay algo que está mal.
Tostadas para mi solo. Me hice tostadas para mi solo. Que triste.

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